UN MAR DE DUDAS.

A menudo trato de entender qué pensarán las personas que creen que todo en esta vida ha de seguir un cierto orden social que todo el mundo tacha de normal; personas que se ciñen a unas normas y valores que les son impuestos por otros y que ellos acatan sin más; ovejas que nunca han salido ni saldrán del rebaño y que no entienden a quien lo hace; gente que se pasa la vida buscando la felicidad donde no la van a encontrar nunca porque lo que funcionó para uno, no funcionará para todos.

Aún me cuesta comprender por qué se generaliza y se tiende a comparar, por qué envidiamos lo ajeno y somos reacios a conocer algo que va más allá de nuestras propias creencias o valores. ¿Por qué somos incapaces de tolerar lo que se sale de nuestros límites? ¿Por qué no tratamos de ponernos en el lugar de las personas a las que queremos? ¿Por qué hacemos elegir? ¿Odiamos que nos compartan? ¿O no soportamos que el mundo actúe sin pedirnos opinión ni permiso? ¿Es necesario rozar la perfección para estar integrado? Realmente, ¿para que sirve la perfección, suponiendo que algún día existiese? ¿Hemos de ser todos clones, cabezas que piensen al unísono, mentes dormidas, ojos cerrados? ¿Es eso lo que buscamos?

No soy capaz de hacer cambiar la mentalidad de mi gente más cercana, ¿cómo voy a educar para la igualdad? No puedo tragarme ese cuento que se toma como base en la Educación Social: cambiar la mentalidad de la sociedad para acabar con las desigualdades. El mundo siempre va a estar mal repartido y las injusticias nunca se van a acabar. No es justo, pero es así. Siempre habrá gente hipócrita y gente demasiado humilde como para dejarse pisar por estos primeros.

No, el sentido de la Educación Social no es ese, pero no me atrevo aún a insinuar cuál es. Sé que va más allá de todo eso y que quizás pueda ser “cambiar la mentalidad de la gente que sufre, para que pueda entender de qué va este mundo enfermo”, pero entonces hablaríamos de resignación, y de eso tampoco se trata.

La verdad es que ocho meses después de meterme en esto, sé perfectamente dónde nace la Educación Social, quiénes fueron los actores que ayudaron a su profesionalización, dónde podemos trabajar, de qué manera elaborar un proyecto, qué es un análisis DAFO, cuáles son las leyes que tratan la igualdad de género y mil cosas más que no responden hoy a mi pregunta: ¿Cómo acabar con las desigualdades?

Se supone que trabajamos para la igualdad pero no sé cómo acabar con lo que impide justamente eso. Los motivos o causas por las cuales hay desigualdades son innumerables (egoísmo, en general; falta de tolerancia; incapacidad para escuchar; imposibilidad de ver más allá de nuestras propias verdades; creencia de que lo nuestro es superior…) pero los remedios no estás determinados. Nada de lo que hagamos nos asegura que vayamos a conseguir nuestro fin; la Educación Social es tan difícil de entender como la vida misma: las mujeres maltratadas vuelven con sus parejas; los menores inmigrantes son enviados de nuevo a sus casas para regresar a España tres meses después; los futuros padres de hijos discapacitados volverán a ver a sus futuros hijos como enfermos, y no como personas… Entonces: ¿para qué seguir andando, si por cada paso que damos adelante, retrocedemos dos hacia lo que ya había antes de nuestra intervención?

Cierto profesor afirma que el sentido de la Educación Social es conseguir que lo que enseñas a las personas que educas, sea capaz de perdurar en el tiempo; que todo eso no se pierda y llegue a todos pero, ¿para qué? ¿Qué más da que llegue, si no todos quieren recibirlo?

En Septiembre me comía el mundo y pensaba en Educadores como dioses que todo lo pueden. Con el tiempo vas madurando y te das cuenta de que la función real del educador es tratar de cambiar su entorno más cercano y, si algún día llega a conseguirlo, intentar ir más lejos. Pero no se puede pensar en cambiar al mundo entero porque entonces te das cuenta de que eres incapaz de empezar por cambiarte a ti mismo y vienen dudas a tu cabeza hasta que todo deja de tener sentido.

Había leído que todo Educador pasa un momento de crisis ante la profesión, pero no pensé que el mío fuese a llegar con tal rapidez. Sigo pensando que quiero dedicarme a esto y sigo dejándome la piel en ello pero a veces me da por pensar que la mitad de las cosas que nos venden en las carreras son meras utopías imposibles de lograr. Un Educador no puede cambiar el mundo; un médico no puede salvar tantas vidas como quisiera; un maestro no puede enseñar si su educando no se deja; un policía no puede cumplir todas las leyes; un juez no puede ser justo (y no hablemos de un abogado); un cocinero no puede elaborar platos al gusto de todos sus clientes etc. Por eso vuelvo a la misma idea: ¿estará la esencia en tratar de cambiar nuestro entorno más cercano? Pero para eso hace falta muchos EDUCADORES, con mayúsculas, y por ahora son bastantes pocos…

También me planteo en días como este, y con esto acabo, por qué una profesión tan desconocida a la par que importante sigo siendo la gran desconocida; por qué no contamos con el prestigio que tiene ser ingeniero o arquitecto cuando podemos aportar los mismos o más valiosos servicios que ellos.

Cosas incomprensibles...

- Nazaret -
12 Responses
  1. Laura Says:

    Mi crisis llegó nada más empezar la carrera... pero ya ves... que más o menos la superé positivamente...

    Me pregunto las mismas cosas que tú, Naz... y es normal, el mundo es imperfecto y la gente que habita en él también lo es, ningun tenemos el don divino de cambiar a la gente ni tampoco tenemos una potestad total para ello...
    pero yo creo que merece la pena intentar "improve" (me salía mejor utilizar un vocablo anglosajón) esto que nos ha tocado vivir. sin duda.


  2. UrbanPop Says:

    Te animo a que no desistas como bien dices, es normal tener estos momentos de crisis, yo también he pasado la mía y veo reflejadas varias de las cosas que me hacían sentir "falsa". No podemos cambiar el mundo, pero podemos hacer como tu bien dices, que este sea mejor para nuestro entorno. Si deseamos ser EDUCADORES, desde mi punto de vista, lo primero que tenemos que hacer es ser humildes y no pensar que somos los salvadores de nadie, porque la gente no quiere que la salvemos. Yo tampoco tengo muy claro cual será la esencia de esta PROFESION, pero cada día tengo más claro porque ha sido esta y no otra.

    Respecto a las ideas utópicas que impregnan muchos de los discursos universitarios he de decirte, desde mi punto de vista, que son mas que necesarias. Imagina que esas ideas no existieran y todos pasaramo (como nos está pasando) por estas épocas de crisis, creo que todo sería mas difícil, porque citando a Galeano "La Utopía sirve para caminar", no hay que tomarla como verdad universal pero si es un gran apoyo a la hora de trabajar, con, para y por algo.

    Animo Naza, te he empezado a conocer mejor finalizando el año pero sé que vas a ser una gran educadora y sé que en los dos años que nos quedan en Talavera vamos a compartir muchísimas cosas que serán la puerta para seguir compartiendo en un futuro.


  3. Dí.verso Says:

    Creo que necesitas algo de optimismo(imprescidible para abordar la tarea). Observa que haces generalizaciones que no corresponden a la realidad. Ejemplo: no todas las mujeres que han sufrido maltrato vuelven con sus parejas.ETC

    Saludos y mucho ánimo. Clem


  4. Luanda Says:

    Tú vales mucho, nena. Y la muestra es que te estés planteando estas cosas. Yo con mi "disciplina" (que ya sabes cuál es) también tuve mi pequeña gran crisis. Y sí, creo que los problemas del mundo son inabarcables desde una teoría.
    ¿Y al final sabes cuál ha sido mi respuesta, después de tantos años? La participación ciudadana. Dejar de trabajar desde arriba, y empezar a ofrecernos desde las mismas instituciones que se generan en la base: asociaciones de vecinos, de padres y madres, de mujeres, de discapacitadas/os, etc. Y si no existen, potenciar su creación.
    Es verdad, con el antiguo modelo de educación no vamos a conseguir nada, pero como ciudadanos y ciudadanas podemos promover procesos de cambio desde las raíces del problema.
    Tenemos la manía, como profesionales, de situarnos en la cúspide. Pero nuestro verdadero valor es cuando vamos con todos nuestros recursos a un ámbito donde se cuecen los verdaderos problemas sociales, y nos situamos como un participante más que promueve el cambio.
    Si quieres que la gente se manifieste, manifiéstate; si quieres que la gente proteste, protesta; si quieres que la gente se independice, independízate; si quieres que la gente sea libre, sé libre.


  5. opino igual que Luanda, creo que la respuesta está en la participación ciudadana para resolver los conflictos. quienes mejor que los ciudadanos para resolver los problemas de la ciudad?

    aquí queda la influencia de animacion sociocultural, en mi mente desde hace algunos días...jaja

    -Álvaro-


  6. Anónimo Says:

    Dí.Verso, lo que nunca debería hacer un educador, es generalizar, y aquí veo muchas generalizaciones.
    Lo pusé en un comentario anterior...todavía les queda por aprender.


  7. Anónimo Says:

    Al hilo de lo que comentas, me vienen a la cabeza dos referencias que van en la misma dirección: en el libro Carles Sedó "Trabajando como educador/a social" (el titulo original está en catalan, pero mi catalán no es bueno)Funes, que lo prologa, hace referencia a que esta profesion sólo es apta para personas que son capaces de vivir de manera continuada en crisis, la crisis -en un sentido amplio del termino, es una constante. La otra idea se la escuche hace ya unos años a Toni Juliá que se refería a un cierto malestar que produce la incertidumbre en el estómago, como criterioo de que estabamos en el buen camino: la misma idea, la nuestra no es una profesion de certidumbres
    La solución y, ahondando en la ya comentados, pasa por salirse de una posicion experta y pasarse a una posición de acompañante en procesos de indiciduos, de grupos, de comunidades.
    En este sentido, me resulta muy enriquecedor el desarrollo que de este concepto hace Jordi Planella (y que puedes encontrar en internet pinchando acompañamiento educativo junto a Jordi Planells)
    Seguro que en este recorrido ayuda mucho (a ti, a nosotros) compartir estas reflexiones

    Alfonso Tembrás


  8. Anónimo Says:

    BUENAS NOCHES.
    YO LO QUE PIENSO ES QUE DEBERIAS O DEJAR LA CARRERA Y DEDICARTE A......NO SE....(SEMBRAR AMAPOLAS) O TAMBIEN LO QUE PUEDES HACER ES TERMINAR EDUCACION SOCIAL Y SEGUIR ESCRIBIENDO ESTAS COSAS TAN " " CARGADAS DE ESE POSITIVISMO QUE TE CARACTERIZA.
    SERIAS UNA PERFECTA RATA DE BIBLIOTECA. SABRIAS MUCHA TEORIA....PERO EL MUNDO REAL ESTA FUERA. ¿QUE HACES TU PARA CAMBIARLO?
    UN SALUDO


  9. Abril Says:

    Hola a todos,

    Ya hace unos años que trabajo como educadora social y te puedo asegurar que lo que menos he hecho ha sido tratar de enseñar a nadie nada.
    Tal como dice anónimo creo que nuestra profesión se basa en el acompañamiento pero también en el respeto hacia las diferentes realidades (incluso la de la mujer maltrata que vuelve con su agresor. Ese es mi ámbito de trabajo en la actualidad y te aseguro que no lo contemplo como un fracaso el hecho de que vuelva a casa; es un proceso muy complejo, pero creo que no viene al caso ahora).
    No, no somos dioses, pero no te creas, yo he encontrado por el camino muchos que creían que cuando salían de la facultad ya estaban tocados por la mano divina y podían ir cambiando la vida de la gente.
    Los educadores somos personas normalitas, con horarios horrorosos muchas veces, con carencias, errores y metidas de pata importantes otras. Y menos mal! porque si de algo se aprende, tanto el educador como la persona a la que diriges tu intervención, es de los errores.
    Construir y deconstruir constantemente, ese es uno de los elementos, en mi opinión, importantes en educación social.
    Lo único que te puedo decir para animarte es que te espera una vida laboral de sorpresas constantes y que en muchos casos son muy muy agradables.
    (se me ha notao que me gusta mi trabajo, no? :-))

    Ánimo!!


  10. "EL MUNDO REAL ESTA FUERA. ¿QUE HACES TU PARA CAMBIARLO?"

    No conformarme con lo que hay y tratar de analizarlo todo para conseguir ser crítica y saber con qué puedo enfrentarme "en el mundo real"; creo que no se puede trabajar en una realidad desconocida, sinceramente, y que hay que tener muy claro todas las opciones con las que te puedes encontrar, o no.

    Un educador sin inquietudes ni cuestiones, en mi opinión, no puede hacer por mucho por cambiar lo que le rodea.


  11. Anónimo Says:

    ME PARECE QUE ESTAS MUY EQUIVOCADA. SI LO QUE QUIERES ES CAMBIAR EL MUNDO, LO QUE TE RODEA, O A UNA PERSONA, LA CARRERA QUE DEBERIAS HABER ESCOGIDO ES CIENCIAS POLITICAS.
    Y SIGO INSISTIENDO EN QUE TIENES QUE MIRAR LA EDUCACION DESDE OTRO ASPECTO PORQUE NO TODO ESTA MAL. Y COMO DICE UN PROFESOR QUE TANTO TE GUSTA, SI SOMOS EDUCADORES ES POR QUE NOS GUSTA EL MUNDO EN EL QUE VIVIMOS Y QUEREMOS QUE ALGO DE LO QUE HAY PERDURE.


  12. Sin comentarios... simplemente, no estoy de acuerdo.

    Me gusta el mundo en el que vivo, en líneas generales, y quiero que perduren ciertas cosas, pero hay muchas otras con las que estoy en completo desacuerdo, ¿o a ti te parece bien noticias como las del otro día?: "INVITAN A IRSE DE UN BAR A 15 JÓVENES DISCAPACITADOS."

    Si la sociedad tuviera otros valores y su educación fuese distinta, no pasarían cosas como esta y no seríamos tan intolerantes ni viviríamos atadoa a tanto prejuicios y las ciencias políticas dudo mucho que se preocupen lo más mínimo por estos temas, por eso creo que como educadores, ya que no podemos cambiar el mundo (ni mucho menos) sí que deberíamos cuestionarnos qué falla a nuestro alrededor para tratar de mejorarlo.

    De todas formas, en la educación pasa como todo: cada uno tiene su forma de verla y de acatarla y la tuya no es mejor que la mía, ni viceversa.


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