CONSTRUYENDO A LOS “OTROS” ENTRE NOSOTROS.

Porque lo prometido es deuda. Decíamos ayer que dejábamos para mañana qué problemáticas acarrean los medios de comunicación cuando de inmigración se trata... Pues bien, aquí tenemos la otra parte que hemos considerado más interesante dentro del texto completo, por no plasmar aquí demasiada información que quizás no a todos interese. Igual que ayer, al final de este post tenéis el link al artículo completo.

CONSTRUYENDO IMAGINARIOS, IDENTIDADES, COMUNIDADES: EL PAPEL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DOLORS COMAS D’ARGEMIR.
Universidad Rovira i Virgili.
Consejo del Audiovisual de Cataluña.

3. CONSTRUYENDO A LOS “OTROS” ENTRE NOSOTROS.

3.1. Los inmigrantes como problema.

A inicios de enero del 2007 aparecía en los medios de comunicación de Cataluña una noticia rodeada de un fuerte alarmismo, el denominado caso Veiret, según la cual un indefenso propietario que se acababa de separar no podía entrar en su casa porque la habían ocupado unos “chilenos” (las referencias a esta nacionalidad, dato irrelevante para lo que se trataba, se repetían una y otra vez de forma incansable). La noticia ocupó titulares y páginas enteras en los periódicos, abrió los informativos en la radio y la televisión, y fue tema de tertulias y debates. Sin embargo, la realidad era muy diferente respecto a lo que se presentaba. Efectivamente, meses después se supo que no hubo ocupación ilegal alguna. La Administración de justicia confirmó que los presuntos ocupantes eran personas trabajadoras que pagaban su renta normalmente y reprobó al propietario por tergiversar los hechos y ocultar información relevante como ser copropietario de todo el edificio. Pero los inquilinos ya habían abandonado la vivienda ante el impacto mediático de la noticia y la presión de la sospecha; uno de ellos, además, perdió su trabajo cuando el empresario lo vio por televisión y lo reconoció como uno de los supuestos usurpadores.

Los medios informaron después sobre la sentencia judicial, pero esto ya no fue objeto de titulares, ni contó con el gran despliegue que había alcanzado la información inicial, ni consiguió reparar los daños causados. TV3, por ejemplo, dedicó a la noticia en sus informativos un total de 22 minutos y 11 segundos, mientras que la resolución judicial ocupó sólo 1 minuto y medio. La desproporción es evidente; contrarrestar el impacto inicial, imposible. (Consell de l’Audiovisual de Catalunya, 2007).

Hay que decir que la noticia estalló justamente cuando el gobierno de Cataluña presentaba los principios y líneas de actuación de la Ley del derecho a la vivienda, y era la primera vez que en España se intentaba arbitrar políticas públicas en este terreno ¿Casualidad? Lo cierto es que en aquellos días, en lugar de que la atención se centrara en la extrema dificultad de la gente para acceder a un bien de primera necesidad como es la vivienda, resultó que el problema principal no era de éstos, sino de los propietarios del país, que corrían el riesgo de ver sus moradas ocupadas de forma sistemática por gente venida de fuera. (...)

Más allá de la reflexión acerca de la responsabilidad de los medios de comunicación en sus actuaciones, quiero llamar la atención sobre el hecho de que todos los medios, sin excepción, dieron crédito al propietario, que, por cierto, hizo un hábil uso de ellos y, a pesar de la reprimenda del juez, consiguió sus objetivos. También los responsables políticos creyeron su versión y rápidamente prometieron atajar este tipo de ocupaciones ilegales. E hizo mella en la gente, que comentaba las incidencias de este caso y lo seguía por la prensa, la radio o la televisión. ¿Por qué el fuerte impacto de esta noticia tan concreta? Por dos razones. Una, porque en España la propiedad de la vivienda está ampliamente extendida, también entre los sectores populares, de manera que había muchas personas que se identificaban con el propietario agraviado y podían imaginar que en algún momento les podría suceder algo parecido en su vivienda habitual o en su segunda residencia. Y dos, porque los presuntos usurpadores eran trabajadores inmigrados. No se trataba de jóvenes okupas buscando viviendas vacías, sino de extranjeros que “arrebataban” viviendas en uso utilizando los resquicios del sistema, y que están bajo sospecha porque se les supone desapego hacia las normas y valores de una sociedad que no es la suya. Todo el sustrato de miedos y posibles amenazas ante los foráneos se puso en juego. La información operaba sobre prejuicios ya existentes sobre los inmigrantes y sobre la predisposición a atribuirles los males sociales. Y esto es así por múltiples causas, entre ellas el que la inmigración sea presentada por los medios como un “problema” e, incluso, como una amenaza. Efectivamente, en los programas informativos de radios y televisiones las personas inmigradas aparecen como problema o como víctimas (de esto trataré después). (...)

En todo caso, la población inmigrada se asocia frecuentemente a hechos delictivos, perturbadores o, como mínimo incómodos, desde crímenes, robos y violencia, a drogas, problemas en la regularización, sobreocupación de viviendas, dificultades en las escuelas, saturación de la sanidad, así como conflictos por cuestiones religiosas o vecinales. En ocasiones se asocia también al terrorismo internacional y al integrismo. Los aportes positivos de esta parte de la población quedan ocultos en el bosque de informaciones problematizadoras. La diferencia entre “ellos” y “nosotros” aparece de forma tan marcada, tan polarizada, que dificulta construir un discurso público cohesionador que favorezca la integración social.

3.2. Los inmigrantes como víctimas.
Otro caso, el de la agresión que se produjo en los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya (FGC) en octubre de 2007, que tuvo también un fuerte impacto mediático y las imágenes grabadas dieron la vuelta al mundo. Un muchacho joven entra en el vagón del tren, prácticamente vacío; está hablando por teléfono móvil y, sin dejar de hacerlo, agrede a una joven, menor, pellizcándole el pecho, insultándola en su calidad de inmigrada y propinándole una patada
antes de salir. Todo ello ante la mirada de otro joven, que estaba sentado cerca y no hizo nada para impedirlo. Unos días después, empezó un verdadero circo mediático. Las imágenes de la agresión, que habían sido grabadas desde la cámara del vagón, fueron difundidas una y otra vez por la televisión. La agresión fue calificada de racista (aunque también tuviera componentes sexistas), y se remarcó la nacionalidad ecuatoriana de la joven agredida, la argentina del testimonio silencioso, y el que el agresor fuera un autóctono. La Ministra de Asuntos Exteriores de Ecuador, que se hallaba en Europa, visitó a la joven agredida y el caso tuvo trascendencia internacional.

De inmediato los medios empezaron a buscar a la víctima y al agresor para tener su opinión directa sobre los hechos y, ante tanto interés, incluso los amigos del joven se ofrecían a hablar a cambio de dinero. Ni la menor ni sus familiares aceptaron, pero el agresor, encantado de tener tanto protagonismo, proclamaba su inocencia argumentado que aquella noche había bebido más de la cuenta. Concedió también una entrevista en exclusiva, en la que parecía que él fuera la víctima de todo lo sucedido, por estar a disposición judicial y por haber tenido que esconderse ante tanto acoso mediático.

En tan sólo diez días el vídeo de la agresión fue proyectado 298 veces por las televisiones que fueron objeto de análisis por el Consejo del Audiovisual de Cataluña (TV3, 8tv, TVE-1, TVE en Cataluña y Tele 5. Una de ellas, Tele-5, lo hizo en 104 ocasiones, incluyendo las que proyectaba insaciablemente como fondo de una tertulia. Puede deducirse fácilmente que esta sobreexposición del vídeo iba más allá de la intención de informar y que era un recurso sensacionalista para atraer la atención del público. Y aunque algunos medios pensaron que ésta era una forma de denunciar el racismo, desde el CAC se invitó a reflexionar sobre la incidencia en la opinión pública de la reiteración excesiva de unas imágenes que vinculan violencia física con personas inmigradas y con mujeres, porque en lugar de contribuir a luchar contra el racismo y el sexismo pueden tener el efecto contrario, reafirmando determinados prejuicios y reforzando los tópicos y estereotipos que identifican la población inmigrada con los desórdenes sociales, aunque se sea víctima de los mismos, e incluso contribuyen a trivializar los hechos.

Por consiguiente, los inmigrantes no aparecen sólo como problema en los medios; también lo hacen como víctimas. La llegada en pateras, la explotación, el desarraigo, las colas interminables en las oficinas de regularización, los muros, la prostitución, las agresiones racistas, las expulsiones, las denuncias efectuadas por ONGs, son noticias que aparecen frecuentemente en los medios de comunicación relacionadas con inmigrantes. Y éstas predominan sobre las que subrayan las aportaciones de la inmigración a la economía, al trabajo, al sostenimiento de la seguridad social, al incremento demográfico, al cuidado de niños y ancianos, etc., que sólo aparecen en momentos de determinados debates públicos.

La victimización, además de reforzar tópicos y estereotipos, tal como he comentado, revierte contra los propios inmigrantes, dificultando su construcción como sujetos, como actores sociales y protagonistas de lo que están viviendo. (...)

Tiene además un efecto no buscado, que es consecuencia de lo anterior, como es el que acaben apareciendo como culpables de las situaciones de las que son víctimas. Así sucede con la sobreocupación de viviendas, o con el uso de infraviviendas, que implican sufrir hacinamiento y pésimas condiciones de habitabilidad.

Es algo que la población ve mal, porque se entiende que se aceptan condiciones poco dignas para poder así ahorrar dinero, y se provoca molestias en el vecindario. No acostumbra a verse la otra cara de la moneda, que haya propietarios sin escrúpulos, que alquilen habitaciones o tugurios a precios desorbitados, y que los inmigrantes no regularizados se vean obligados a aceptar ya que no están en condiciones de firmar contratos ni de exigir el cumplimiento de unas normativas básicas, que sí valen para el conjunto de la población pero no para ellos. Todo ello obliga a compartir los espacios vitales, inasequibles de otro modo, cosa que no está reñido con que se procure ahorrar al máximo para enviar dinero a los familiares que quedaron lejos. Por este mecanismo los problemas se transfieren a las víctimas que los sufren, que parecen culpables de su situación. Esto mismo sucede con las mujeres (en el caso del acoso sexual, por ejemplo, o de la desigualdad laboral, atribuida a una elección consciente para poder atender a la familia y no a una situación estructural que discrimina).

3.3. La construcción de la imagen pública de la inmigración.

(...) Es cierto que han empezado a producirse programas específicos para dar voz a las personas inmigradas, especialmente en la radio y la televisión, y que también han surgido diversos medios
étnicos, revistas y boletines editados por asociaciones y entidades de inmigrantes. Y si bien esto contribuye a establecer ciertos vínculos comunicativos, resulta claramente insuficiente. Con todo hay que tener en cuenta que la inmigración extranjera es muy reciente y que ha crecido mucho en pocos años, lo que apenas da tiempo a haberla asumido como un fenómeno estructural y no transitorio y como algo que modifica de forma significativa la composición de la sociedad.
Los medios de comunicación tienen un papel clave en la construcción de un discurso público sobre la inmigración y la diversidad. Son, y pueden ser, una de las principales fuentes de referencia compartibles y compartidas, pero para ello los inmigrantes han de adquirir visibilidad en los medios, no como ahora, sólo de forma problemática y victimista, sino en la normalidad de las situaciones existentes, que no están exentas de conflictos, desde luego, y que no hay que esconder. Esto implica presencia de los inmigrantes como parte integrante de la sociedad, no sólo en los informativos sino también en las series de ficción o en programas de entretenimiento. Quien no se ve reflejado en los medios difícilmente puede sentir que es aceptado en la sociedad en la que vive, porque se le está diciendo que no está ahí, por mucho que esté. ¿Cómo encaja con el discurso sobre la necesidad de integración? ¿Qué reto añadido se plantea, para las regiones españolas que tienen lenguas y culturas específicas e incrementan su diversidad interna? (...)

La solución no es pasar de una visión problematizadora a otra idealizada y buenista, porque si la primera distorsiona la realidad, la segunda también lo hace. Hay conflictos, y éstos se producen especialmente entre los sectores populares, que son quienes más fácilmente perciben a los inmigrantes como quienes hacen peligrar su trabajo, sus niveles salariales o el acceso a ayudas sociales. No se trata de negar estos conflictos, sino de debatirlos y explicarlos desde su dimensión social y no desde la fragmentación étnica, cultural o religiosa. ¿O es que los problemas de la escuela lo son porque hay inmigrantes? (cosa que cada inicio de curso se reitera hasta la saciedad….) ¿Por qué el debate no es si la escuela dispone o no de los requisitos para la integración y la cualificación de todo tipo de
personas como instrumento de igualdad social? ¿Por qué los problemas en torno a la instalación de oratorios se presentan como conflictos religiosos, y lo mismo puede decirse respecto a las páginas y páginas que llenan los periódicos respecto a si una niña lleva velo o no? El debate de fondo en estos casos es el del papel de las religiones en nuestra sociedad, si realmente existe o no libertad religiosa, y qué significa la laicidad. Lo que planteo, en definitiva, es que pueda gestionarse el conflicto desde la óptica social, porque nuestra sociedad es plural, y cada vez lo será más, y por tanto, todo discurso que refuerce las fragmentaciones va en dirección contraria a la de la cohesión social. El malestar social no lo crean los inmigrantes, sino la incapacidad de la sociedad en incorporar la complejidad y la diversidad.

Por ello deben reforzarse los mecanismos que contribuyan a integrar la diversidad derivada de la inmigración en los medios de comunicación. Se han emprendido toda una serie de iniciativas al respecto, como programas de radio o televisión con presencia de personas inmigradas, informativos en diferentes lenguas, comisiones específicas en los medios para formar a los profesionales, observatorios de los medios audiovisuales, manuales que recogen las buenas prácticas iniciadas en diferentes países o iniciativas integradoras (...) Pero hay que avanzar mucho más.

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